Almacenamiento energético y objetivos de desarrollo sostenible
La lucha contra el cambio climático y la necesidad de garantizar el acceso universal a una energía limpia, fiable y asequible han convertido al almacenamiento energético en una pieza clave de la transición energética global. El almacenamiento energético constituye el eslabón necesario que permite que fuentes renovables aunque intermitentes, como la fotovoltaica y la eólica, funcionen con la estabilidad y continuidad que exige una sociedad tecnológica e industrializada.
Lo que encontrarás aquí
- ¿Qué es el almacenamiento energético y por qué es tan importante?
- Existen múltiples tecnologías de almacenamiento energético
- Contribución directa al ODS 7: energía asequible y no contaminante
- Contribución directa al ODS 13: acción por el clima
- Ejemplos prácticos en España
- Retos y oportunidades del almacenamiento energético
- Almacenamiento energético: imprescindible para la resiliencia climática
Más allá de su función técnica, el desarrollo de sistemas de almacenamiento energético está estrechamente vinculado con el cumplimiento de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por la ONU en la Agenda 2030, especialmente el ODS 7 (Energía asequible y no contaminante) y el ODS 13 (Acción por el clima). Sin un despliegue masivo de almacenamiento energético, difícilmente será posible alcanzar estos objetivos en los plazos marcados.
¿Qué es el almacenamiento energético y por qué es tan importante?
El almacenamiento energético hace referencia a todas aquellas tecnologías capaces de conservar energía para liberarla cuando más se necesite. Esto resulta fundamental cuando se depende de fuentes como el sol o el viento, cuya disponibilidad no siempre coincide con los picos de consumo. De esta forma, se puede acumular electricidad en momentos de sobreproducción y utilizarla durante la noche, en días sin viento o durante olas de calor cuando la demanda se dispara.
Existen múltiples tecnologías de almacenamiento energético:
Baterías electroquímicas (litio, sodio, plomo, etc.)
Almacenamiento por bombeo hidráulico (centrales reversibles)
Almacenamiento térmico (sales fundidas en plantas termosolares, por ejemplo)
Hidrógeno verde: se utiliza electricidad renovable para producir hidrógeno mediante electrólisis, que luego puede almacenarse y convertirse nuevamente en electricidad o emplearse como combustible industrial o para transporte.
Gracias a estas soluciones, el almacenamiento energético actúa como un estabilizador de la red, evita el vertido de excedentes de renovables y permite avanzar hacia un modelo energético más autónomo y resiliente.
Contribución directa al ODS 7: energía asequible y no contaminante
El ODS 7 tiene como meta garantizar el acceso universal a servicios energéticos modernos y sostenibles. Para ello, no basta con instalar paneles solares o aerogeneradores: se necesita que esa energía esté disponible de forma continua, asequible y gestionable.
El informe “Tracking SDG7: The Energy Progress Report 2023”, elaborado por la Agencia Internacional de Energía (IEA), el Banco Mundial y otras agencias de Naciones Unidas, advierte que todavía 675 millones de personas en el mundo no tienen acceso a electricidad. Una gran parte vive en zonas rurales sin conexión a la red, donde los sistemas solares autónomos con baterías pueden marcar la diferencia.
En estos casos, el almacenamiento energético permite crear microrredes locales que abastecen comunidades aisladas, hospitales rurales o escuelas sin necesidad de recurrir a generadores diésel. En países como India, Kenia o Nigeria, esta solución ya está ayudando a cerrar la brecha energética, con beneficios claros en salud, educación y empleo.
Además, en zonas urbanas con sistemas eléctricos centralizados, el almacenamiento permite abaratar costes al evitar inversiones en infraestructura para cubrir picos de demanda y al reducir el uso de plantas fósiles caras y contaminantes. Por ejemplo, en España, el almacenamiento con baterías permitiría cubrir el 60% de los picos de demanda en días sin viento, según un análisis del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
Contribución directa al ODS 13: acción por el clima
El ODS 13 insta a tomar medidas urgentes contra el cambio climático. El almacenamiento energético es un aliado directo en este objetivo porque:
- Reduce la dependencia de fuentes fósiles: al estabilizar la producción renovable, permite prescindir de plantas térmicas de respaldo.
- Evita el desperdicio de energía limpia: sin sistemas de almacenamiento, buena parte de la energía renovable se pierde por no poder ser utilizada en el momento.
- Fomenta la electrificación de sectores intensivos en emisiones, como el transporte o la industria, si esa electricidad es limpia y está disponible siempre.
Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el almacenamiento energético podría evitar la emisión de hasta 1.500 millones de toneladas de CO₂ anuales para 2050. Esto equivale aproximadamente al 40% de las emisiones anuales de la Unión Europea.
Un caso práctico es el de California, que ha instalado más de 5 GW de baterías en su red eléctrica desde 2020. Estas baterías ayudan a compensar la producción solar durante las horas de la tarde y evitan el encendido de plantas de gas. Gracias a estas medidas, el estado ha reducido su intensidad de carbono en el sistema eléctrico en un 30% en la última década.
Ejemplos prácticos en España
España está haciendo avances importantes en esta materia. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece como meta la instalación de 6 GW de almacenamiento mediante baterías e instalaciones de bombeo para 2030, con una inversión estimada de más de 6.000 millones de euros.
Algunos ejemplos destacables:
- El proyecto de hidrógeno verde en Cartagena (Murcia): impulsado por Repsol y socios europeos, producirá hidrógeno verde con energía renovable para alimentar procesos industriales. El hidrógeno se almacena y permite una producción flexible y baja en emisiones.
- La planta termosolar Gemasolar en Sevilla, que almacena energía solar en sales fundidas. Puede seguir produciendo electricidad hasta 15 horas después de la puesta de sol, lo que demuestra el poder del almacenamiento térmico.
- El proyecto “Queremos Renovables” en la Comunitat Valenciana, liderado por AVAESEN, que promueve comunidades energéticas con baterías compartidas. Estas microredes urbanas permiten a vecinos compartir energía renovable local almacenada, reduciendo su factura y sus emisiones.
Retos y oportunidades del almacenamiento energético
A pesar del enorme potencial del almacenamiento, todavía existen retos que dificultan su despliegue masivo:
- Barreras regulatorias: la doble imposición fiscal sobre la energía almacenada, como ha denunciado la UNEF, desincentiva su uso.
- Trámites administrativos lentos: los permisos para hibridar plantas solares con baterías o instalar almacenamiento autónomo son complejos y largos.
- Costes aún elevados: aunque los precios de las baterías han caído más de un 85% desde 2010, su rentabilidad a largo plazo depende de un marco regulatorio estable y apoyos públicos.
- Falta de conocimiento social: es necesario realizar campañas de divulgación para que la sociedad entienda el papel clave del almacenamiento energético.
- Financiación escasa: aunque se han lanzado líneas de ayuda (como las del PERTE ERHA), los actores del sector demandan más claridad y continuidad para atraer inversión privada.
Almacenamiento energético: imprescindible para la resiliencia climática
El almacenamiento energético no es simplemente un complemento a las energías renovables: es su columna vertebral. Permite que la energía limpia esté siempre disponible, que las redes eléctricas sean más flexibles y seguras, y que millones de personas puedan acceder por primera vez a electricidad moderna, fiable y sostenible.
Impulsar el desarrollo del almacenamiento energético no solo contribuye a alcanzar el ODS 7 y el ODS 13, sino que también está relacionado con el ODS 9 (industria, innovación e infraestructura), el ODS 11 (ciudades sostenibles) y el ODS 12 (producción y consumo responsables).
Apostar por el almacenamiento energético es apostar por un futuro sostenible, inclusivo y resiliente. Es una inversión no solo tecnológica, sino en bienestar, justicia y sostenibilidad.