”Crónica de un proyecto” (Joan Ramon Armengol)
Antes de un plano, hay territorio.
Antes de una cifra, hay personas.
Iniciamos proyecto. Estamos en ese momento previo en el que todo está por definir: ubicación, evacuación de gas, suministros, ganaderos, agricultores, población y ayuntamiento. Queremos hacerlo bien desde el principio.
Cada proyecto nace mucho antes del primer plano. Nace en la tierra, en las conversaciones, en los silencios compartidos con quienes conocen el terreno. Este relato recoge, paso a paso, lo que ocurre detrás de cada decisión. Es una manera de explicar cómo se construye algo más que una planta: cómo se construye confianza.
Antes de hablar de reactores o caudales, hay que mirar lo que tenemos alrededor. De dónde vienen los residuos, qué densidad ganadera hay, qué dice la normativa sobre distancias o accesos. Los substratos y cosustratos marcan el tipo de proceso, la mezcla y la eficiencia. La ubicación define la logística, los costes y la convivencia. Todo empieza con ese equilibrio: el que separa lo viable de lo inviable.
Una vez conocidos los actores, llega lo esencial: hablar. Explicar punto por punto qué se plantea, cómo funcionará y por qué. He de aclarar, que no se transportará nada que hoy no esté ya circulando. Las mejores conversaciones no se tienen en auditorios, sino en mesas pequeñas, donde caben veinte personas y sobra tiempo para escucharse. En esos espacios se decide más que en mil informes. Porque un proyecto, antes que técnico, es humano: se construye primero con confianza, luego con hormigón.
Y, sin embargo, los debates siempre vuelven sobre lo mismo: olores, transporte, emisiones, agua, ruido. Son temas legítimos, aunque a menudo se mezclan con información incompleta o directamente errónea. El reto no es imponer, sino responder con calma y con datos.
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