Hablar de biogás no es solo hablar de energía renovable. También es hablar de territorio, agricultura, ganadería y economía local. En los últimos años, la conversación sobre el biogás ha crecido de forma notable en España, pero todavía existe la sensación de que su puesta en marcha solo es viable para grandes empresas o proyectos industriales de gran escala. Sin embargo, hay modelos diferentes: proyectos sencillos, gestionados por ganaderos, que mejoran la rentabilidad de las explotaciones y la sostenibilidad del territorio.
Lo que encontrarás aquí
Todos los modelos son válidos siempre que se diseñen y funcionen de forma responsable.
La Planta Métha-Ferchaud
Uno de los ejemplos más inspiradores de este tipo de planta de biogás se encuentra en la Bretaña francesa. Se llama Métha-Ferchaud y demuestra que una planta de biogás puede ser rentable, beneficiosa para el sector agrario y perfectamente integrada en su entorno.
Tres granjas, un objetivo común
La historia de Métha-Ferchaud comienza con tres explotaciones ganaderas situadas en la localidad de Martigné-Ferchaud: dos de producción de leche y una dedicada al porcino. Como ocurre en muchas zonas ganaderas europeas, la gestión del purín y los estiércoles era un reto constante. Además de los costes y del trabajo que implica su manejo, el exceso de nutrientes en suelos y acuíferos es un problema ambiental importante, especialmente en territorios con alta concentración de actividad ganadera.
Los propietarios de estas tres granjas, conscientes de la necesidad de encontrar una solución sostenible, decidieron apostar por otra mirada: convertir los residuos en recursos. Es decir, transformar la carga ambiental del purín en energía renovable, fertilidad agrícola y valor económico. Así nació la planta de biogás Métha-Ferchaud en 2016.
¿Cómo funciona la planta de biogás Métha-Ferchaud?
La instalación está diseñada para funcionar con una materia prima principal: los purines y estiércoles generados por las tres granjas. Sin embargo, para garantizar una digestión eficiente y constante, los ganaderos complementan esta base con otros residuos orgánicos, como restos agrícolas, lodos de depuradora y subproductos de la industria alimentaria local.
Aproximadamente, el 60% de la mezcla proviene directamente de las explotaciones ganaderas, y el 40% restante procede de fuentes externas cercanas. Esto permite:
- mantener una alimentación equilibrada del digestor,
- asegurar una producción sostenida de biogás,
- y ofrecer una salida de valor a otros residuos locales.
El biogás resultante se utiliza para alimentar dos motores de cogeneración que juntos suman 500 kW de potencia eléctrica. La electricidad generada se inyecta a la red, suministrando energía renovable equivalente al consumo de unas 1.000 viviendas. El calor producido por el proceso no se desperdicia: se utiliza para secar alfalfa, maíz, paja o astillas de madera, materiales que después se emplean como alimento o cama para el ganado.
Este uso del calor es una de las claves de la eficiencia de la planta: cada recurso se aprovecha al máximo.
Fertilizante que vuelve al campo (digestato)
Después de la digestión anaerobia, el purín tratado se transforma en digestato, un fertilizante orgánico con una composición muy interesante para la agricultura. El digestato de Métha-Ferchaud tiene un mayor aprovechamiento de nitrógeno que el purín sin tratar: aproximadamente el doble de unidades de nitrógeno disponible por metro cúbico.
¿Qué significa esto para los ganaderos?
- Se reduce la necesidad de fertilizantes químicos.
- Se mejora la fertilización de los cultivos propios.
- Se distribuyen los nutrientes de manera más equilibrada en la rotación agrícola.
- Se disminuye el riesgo de contaminación por nitratos.
En definitiva: los mismos residuos vuelven al campo, pero en forma más eficiente y más sostenible.
Biogás y rentabilidad
Una de las preguntas más frecuentes cuando se habla de biogás es si es viable económicamente.
En el caso de Métha-Ferchaud, la respuesta es sí, y los motivos son claros:
- Escala adecuada: la planta no pretende ser gigante. Está dimensionada para las necesidades de las granjas que la impulsan y para los recursos disponibles alrededor.
- Colaboración entre ganaderos: el proyecto se sostiene porque hay cooperación real. Ningún ganadero hubiera podido levantar la planta solo, pero juntos sí.
- Diversificación de ingresos: además de la electricidad, los ganaderos obtienen valor gracias al digestato, al secado de forrajes y a la gestión de residuos externos.
- Financiación equilibrada: la inversión total rondó 1,6 millones de euros. Solo alrededor del 4% fue financiación directa de los socios. El resto se cubrió mediante ayudas públicas y créditos bancarios, algo habitual en proyectos agroenergéticos bien planteados.
Este enfoque permite que la carga financiera individual sea baja y que los retornos sean razonables a medio plazo.
¿Por qué interesa este modelo en España?
Porque la situación se parece más de lo que pensamos. En muchas regiones españolas con ganadería intensiva —como Galicia, Castilla y León, Cataluña o Aragón— la gestión del purín es un desafío ambiental y económico claro. A la vez, existe una necesidad urgente de reducir fertilizantes químicos, mejorar la salud del suelo y avanzar hacia modelos agroganaderos más circulares.
Además, la política energética europea está empujando con fuerza a favor de:
- el biogás como energía local,
- el biometano como sustituto renovable del gas fósil,
- y la valorización de residuos agrarios.
Es decir: España tiene el contexto perfecto para replicar proyectos como Métha-Ferchaud. Lo importante no es copiar el modelo exactamente, sino aplicar sus principios:
- Escala adaptada al territorio.
- Gobernanza local y participación cooperativa.
- Uso inteligente del calor y los subproductos.
- Visión agrícola, ganadera y energética al mismo tiempo.
El biogás mejora la imagen del sector ganadero
En Métha-Ferchaud, la planta no es algo escondido o polémico. Al contrario: se abre a visitas, se enseña en escuelas agrarias, se explica a vecinos y se muestra como ejemplo de innovación. La planta se ha convertido en una prueba tangible de que la ganadería puede ser parte activa de la solución ambiental, no solo objeto del problema.
Esto es clave: la narrativa importa. En España, donde la percepción pública del sector ganadero está en debate, proyectos así pueden cambiar la conversación, reforzar el valor social del campo y demostrar que la sostenibilidad también se construye desde las explotaciones.
Conclusión
Métha-Ferchaud es un proyecto sobrio, práctico y profundamente territorial. Un ejemplo de cómo el biogás puede nacer del campo, volver al campo y beneficiar directamente a quienes trabajan la tierra y cuidan el ganado.
Para el sector agrario español, este tipo de experiencias son valiosas porque muestran algo fundamental:
El biogás no es solo una energía renovable. Es una herramienta de resiliencia rural.
Sébastien Boudet, de la unidad de metanización de SAS Métafer, describe la evolución de su planta, que pasó de un solo cogenerador en 2016 a una capacidad de 505 kW y 21,000 toneladas tratadas anualmente para 2019. Inicialmente, el desafío era dominar la nueva actividad de metanización y gestionar los diversos flujos de desechos líquidos y sólidos provenientes de las granjas asociadas. La adopción de la herramienta Biogazu fue crucial para garantizar una buena contabilidad de materiales y una trazabilidad impecable, lo cual facilitó la obtención y validación del acuerdo sanitario durante las inspecciones administrativas. El éxito de la herramienta se atribuye a su capacidad de automatización, a la tranquilidad que ofrece a la administración y a los socios agricultores, y al acompañamiento constante y adaptable proporcionado por el mismo contacto durante cinco años.
La Association des Agriculteurs Méthaniseurs de France (AAMF) es una asociación francesa que agrupa a agricultores que operan plantas de metanización (biogás) en el ámbito agrícola.