Durante la jornada en Jaén del 13 de enero, ”Biometano: enfoque científico y social” , Xavier Flotats, profesor emérito en la Universitat Politècnica de Catalunya, compartió su investigación sobre la carta publicada por Fernando Valladares donde habla del impacto en la salud de las personas de las plantas de biogás (Respuesta en Linkedin)
👇 Compartimos el extracto de su intervención en vídeo y en texto 👇
”Quería terminar, aunque no es un tema especialmente agradable. Cuando llevas más de 40 años trabajando en este ámbito y sabes que existen técnicas para controlar los riesgos, resulta preocupante ver cómo empiezan a circular bulos sobre supuestos efectos cancerígenos, acompañados además de informes firmados por personas prestigiosas. Ante eso, uno se pregunta qué está pasando.
Me refiero, en concreto, al informe del doctor Valladares, en el que se afirma que los compuestos orgánicos volátiles implican riesgos de cáncer y pueden suponer una amenaza grave para la salud de las comunidades. Estas afirmaciones se apoyan en un trabajo de Tamburini y colaboradores. Por eso decidí revisar directamente ese estudio, que analiza el impacto sobre la salud y el medio ambiente de la producción y combustión de biomasa, no exclusivamente del biogás.
El trabajo revisa unas 18 o 19 referencias bibliográficas, algunas relacionadas con procesos de combustión y otras con gasificación o con estudios de impacto en zonas residenciales. De las referencias clave que cita, una corresponde a un estudio realizado en Tailandia sobre contaminación del aire asociada a la combustión de biomasa, concretamente cáscara de arroz. Incluye dos casos: uno de combustión y otro de gasificación. El otro estudio citado procede del estado de Nueva York y analiza quince plantas que producen bioetanol a partir de maíz, soja y madera.
Es importante subrayar que ninguno de estos estudios analiza plantas de biogás. De hecho, los propios autores señalan explícitamente que no existen estudios epidemiológicos específicos sobre biogás. Lo que indican es que, si en el futuro se realizan, la metodología empleada en esos trabajos podría servir como referencia. Por tanto, el informe del doctor Valladares no está bien fundamentado en ese punto.
Revisé el trabajo de Tamburini línea por línea. En él se cita, por ejemplo, un estudio de Feng y colaboradores sobre una planta en China, donde se analizan compuestos orgánicos volátiles con un nivel de detalle excelente. Ese estudio identifica que el mayor riesgo potencial de cáncer se da en el edificio donde se realiza la hidrólisis térmica como pretratamiento. Y lo deja claro: en ese edificio los operarios deben trabajar con mascarilla y permanecer el menor tiempo posible.
Estos estudios existen precisamente porque se conoce el riesgo en determinadas condiciones operativas. Si se abre una válvula a 120 grados, evidentemente se liberan vapores que pueden ser peligrosos. Pero la mayoría de la literatura científica disponible se centra en riesgos laborales, accidentes y efectos sobre la salud de los trabajadores, no de la población general. Y esto es algo que el sector conoce bien y gestiona mediante medidas de seguridad.
No quiero extenderme más, pero hay otro punto relevante. En el informe también se habla de gases como el sulfuro de hidrógeno. Se cita un estudio de Rusin y colaboradores. En él se comete además un error: se afirma que el CO₂ es más ligero que el aire, cuando es justo al revés. Se lo señalé por correo electrónico al propio autor y me respondió reconociendo el error, explicando que el informe se elaboró con mucha prisa durante las vacaciones de verano.
El metano, por su parte, es un potente gas de efecto invernadero y precursor del ozono troposférico. Precisamente por eso es fundamental evitar su emisión. Hoy en día ya se emite de forma difusa desde balsas de purines, y lo que debemos hacer es capturarlo y evitar que llegue a la atmósfera.
En el informe se afirma también que ninguna planta de biogás ha sido capaz de corregir el olor nauseabundo del sulfuro de hidrógeno y que esto afecta a vecinos en un radio de hasta 1 o 2 kilómetros, llegando incluso a depreciar el valor de las viviendas en un radio de 5 a 10 kilómetros. Busqué la referencia original y esa afirmación no aparece en el estudio citado.
El trabajo de Rusin lo que hace es un ejercicio teórico: plantea un escenario hipotético con un depósito de 3.000 m³ a una presión determinada y analiza, mediante modelización y datos experimentales, hasta dónde podrían llegar los riesgos en caso de una fuga. Los resultados indican que la zona con mayor potencial de incendio alcanza unos 30 metros, el riesgo de muerte por explosión se limita a unos 10 metros y el riesgo por intoxicación con gases como el sulfuro de hidrógeno llega hasta unos 20 metros. No hay ninguna mención a depreciación de viviendas ni a impactos a kilómetros de distancia.
Por tanto, lo que encontramos es una mezcla de citas bibliográficas correctamente formuladas con apreciaciones personales que no están respaldadas por los estudios originales. Y eso es un problema serio cuando se habla de salud pública y de tecnologías energéticas.”