Comparativa entre biometano y gas natural: ¿cuál es el futuro?
Comparativa entre biometano y gas natural, sus características técnicas y su papel en el futuro de la sostenibilidad energética.
Lo que encontrarás aquí
- ¿Qué es el gas natural y qué es el biometano?
- Comparación técnica: composición y características
- Composición y poder calorífico
- Normativa y regulación
- Normativa del gas natural
- Normativa del biometano
- Impacto medioambiental y sostenibilidad
- Huella de carbono
- Costos y viabilidad económica
- ¿Cuál es el futuro?
La creciente preocupación por el cambio climático y la necesidad de una transición hacia fuentes de energía renovables han impulsado la búsqueda de alternativas al gas natural, un combustible fósil que ha sido central en la generación de energía a nivel mundial.
En este contexto, el biometano, una versión renovable del gas, está ganando terreno como sustituto. Pero, ¿es realmente capaz de reemplazar al gas natural?
Este artículo veremos una comparativa entre el biometano y el gas natural, evaluando sus características técnicas, normativas y su impacto ambiental para analizar cuál de ellos tiene más potencial en el futuro energético.
¿Qué es el gas natural y qué es el biometano?
El gas natural es un combustible fósil compuesto, principalmente, por metano (CH₄) y que se extrae de depósitos subterráneos. Este gas se utiliza en la generación de electricidad, calefacción y como combustible vehicular.
La popularidad del gas natural reside en su abundancia, relativamente bajo costo y su menor impacto ambiental en comparación con otros combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. Sin embargo, su origen fósil implica que la combustión de gas natural libera dióxido de carbono (CO₂), contribuyendo al efecto invernadero.
El biometano, por otro lado, es una fuente de energía renovable obtenida a partir de la purificación del biogás. Este último se genera en procesos de descomposición de materia orgánica, como residuos agrícolas, estiércol o lodos de depuradora, en ausencia de oxígeno.
A través de un proceso de refinamiento que elimina impurezas como el dióxido de carbono y otros gases no combustibles, el biogás se convierte en biometano, cuya composición es casi idéntica a la del gas natural.
Este gas de origen renovable puede ser utilizado en las mismas aplicaciones que el gas natural, desde la generación de electricidad hasta el uso en calefacción o como combustible vehicular.
Comparación técnica: composición y características
Aunque el gas natural y el biometano son casi idénticos desde una perspectiva técnica, existen algunas diferencias clave en su origen y producción.
Composición y poder calorífico
El gas natural contiene en torno al 85-95% de metano, acompañado de pequeñas cantidades de otros hidrocarburos como etano y propano, además de gases inertes como el nitrógeno y el dióxido de carbono. El biometano, después de la purificación del biogás, contiene más del 95% de metano, lo que le otorga un poder calorífico similar al gas natural.
La principal ventaja técnica del biometano es su carácter renovable y su capacidad para integrarse fácilmente en la infraestructura existente de gas natural.
Tanto el biometano como el gas natural pueden ser comprimidos o licuados para su transporte, lo que facilita su distribución a través de las mismas redes.
Normativa y regulación
La regulación es un factor clave para la adopción de combustibles alternativos. En Europa, tanto el gas natural como el biometano están sujetos a estrictas normativas que aseguran su seguridad y calidad antes de ser inyectados en la red de gas.
Normativa del gas natural
El gas natural está regulado bajo la norma EN16726, que especifica los requisitos de calidad que debe cumplir para su transporte y utilización segura. Esto incluye parámetros como el contenido de metano, la presencia de contaminantes y su poder calorífico.
Normativa del biometano
El biometano, a pesar de ser similar al gas natural, está sujeto a una normativa ligeramente diferente, la EN16723, que establece los requisitos técnicos específicos para la inyección de biometano en las redes de gas natural.
Esta normativa incluye aspectos como la purificación del biogás, el control de contaminantes y la calidad final del biometano.
Aún existen desafíos regulatorios, especialmente en lo que respecta a la unificación de normativas en distintos países, lo que puede complicar su expansión a nivel global.
Impacto medioambiental y sostenibilidad
El impacto ambiental es otro de los puntos a comparar.
Si bien ambos gases tienen ventajas frente a otras fuentes de energía más contaminantes, el biometano ofrece beneficios adicionales al ser una fuente de energía completamente renovable.
Huella de carbono
El gas natural, aunque más limpio que el carbón o el petróleo, sigue contribuyendo a las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que su combustión libera CO₂ y metano, ambos potentes gases de efecto invernadero.
Además, las fugas de metano durante la extracción y transporte del gas natural son una preocupación importante, dado que el metano tiene un impacto climático mucho mayor que el CO₂.
Por su parte, el biometano puede considerarse neutro en carbono, ya que el CO₂ emitido durante su combustión es el mismo que fue absorbido por las plantas durante su crecimiento. Esto convierte al biometano en un aliado crucial para alcanzar los objetivos de descarbonización globales.
Además, el uso de residuos para su producción fomenta la economía circular, reduciendo la cantidad de desechos que de otro modo se enviarían a vertederos.
Costos y viabilidad económica
La viabilidad económica es otro aspecto clave para determinar el futuro del biometano y del gas natural.
Actualmente, el gas natural sigue siendo más barato de producir y distribuir debido a su infraestructura ya establecida y sus grandes reservas. Sin embargo, el aumento de los impuestos sobre las emisiones de carbono y las políticas a favor de la energía renovable están cerrando esa brecha.
Por su parte, el biometano tiene un costo de producción más elevado que el gas natural, principalmente debido a los procesos de purificación y la necesidad de infraestructura adicional para su producción a partir de residuos orgánicos.
No obstante, a medida que las tecnologías de producción de biometano maduren y se amplíen, los costos podrían reducirse considerablemente. Además, los incentivos gubernamentales y las subvenciones para energías renovables están ayudando a hacer del biometano una opción más competitiva en ciertos mercados.
¿Cuál es el futuro?
El futuro del gas natural y del biometano parece estar entrelazado, al menos a corto y medio plazo.
El gas natural sigue siendo esencial para el suministro energético mundial, pero el biometano tiene un papel cada vez más importante en la descarbonización del sector. Gracias a su capacidad de aprovechar infraestructuras existentes y su carácter renovable, el biometano podría convertirse en un pilar clave de la transición energética, especialmente en sectores donde la electrificación es más difícil, como el transporte pesado y la industria.
Según la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), el biometano podría cubrir hasta un 20% de la demanda global de gas en 2050, si se implementan las políticas adecuadas.
A largo plazo, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y las políticas de sostenibilidad dictarán el destino de ambos combustibles, con el biometano emergiendo como una solución viable para un futuro energético más limpio y sostenible.