Industria química y gases renovables: hacia la descarbonización
La industria química y los gases renovables: una oportunidad real para reducir costes, emisiones y dependencia energética
Cuando se habla de transición energética, hay un ámbito decisivo del que se habla poco y que concentra una parte muy relevante del consumo energético: la industria. Y dentro de ella, la industria química es uno de los sectores más intensivos en energía de toda la economía.
Lo que encontrarás aquí
- La industria química y los gases renovables: una oportunidad real para reducir costes, emisiones y dependencia energética
- ¿Por qué la industria química es tan intensiva en energía?
- Biometano: descarbonizar sin desintegrar lo que ya funciona
- Hidrógeno renovable: clave para los procesos que no se pueden electrificar
- Costes energéticos y competitividad en la industria
- Un impacto que va más allá de la fábrica
- Gases renovables: una pieza clave de la transición industrial
En la Comunitat Valenciana, como en el resto de España y Europa, el sector químico lleva tiempo alertando de dos problemas que afectan directamente a su competitividad: el alto coste de la energía y la presión regulatoria. Son preocupaciones legítimas en un sector que produce bienes esenciales para la sociedad (medicamentos, fertilizantes, plásticos, detergentes, pinturas, productos intermedios…) y que compite en mercados globales.
En este contexto, los gases renovables, especialmente el biometano y el hidrógeno renovable, emergen como una oportunidad estratégica para avanzar hacia una industria más limpia, más estable y también más competitiva.
¿Por qué la industria química es tan intensiva en energía?
La industria química no solo utiliza energía para generar calor o electricidad. En muchos casos, la energía forma parte del propio proceso productivo. Es decir, el gas o el hidrógeno no se usan solo para “quemar”, sino como materia prima (lo que se conoce como feedstock).
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la industria química es el mayor consumidor de energía entre los grandes sectores industriales a nivel mundial. Representa alrededor del 30 % del consumo energético industrial global y es responsable de una parte muy significativa de las emisiones de CO₂ del sector industrial.
En Europa, y también en España, buena parte de esa energía procede todavía de combustibles fósiles, especialmente gas natural. Esto expone a la industria a:
- la volatilidad de los precios internacionales,
- la dependencia de importaciones energéticas,
- y un marco climático cada vez más exigente.
- Aquí es donde los gases renovables empiezan a cobrar sentido.
Biometano: descarbonizar sin desintegrar lo que ya funciona
El biometano es un gas renovable que se obtiene a partir del biogás producido con residuos orgánicos (agrícolas, ganaderos, industriales o urbanos). Una vez purificado, es químicamente equivalente al gas natural.
Esto tiene una ventaja clave para la industria química:
puede utilizarse directamente en las instalaciones existentes, sin necesidad de sustituir hornos, calderas o redes internas.
Para un sector intensivo en capital como el químico, esta compatibilidad es fundamental. Significa que:
- se pueden reducir emisiones de CO₂ de forma inmediata,
- sin grandes inversiones en rediseño de planta,
- y sin poner en riesgo la continuidad productiva.
Además, cuando el biometano se produce a partir de residuos locales, se refuerza un modelo de economía circular: se evita que los residuos se puedan convertir en un problema y se convierten en energía útil para la propia industria.
Hidrógeno renovable: clave para los procesos que no se pueden electrificar
El hidrógeno ya es hoy una materia prima esencial para la industria química. Se utiliza, por ejemplo, en la producción de amoníaco, metanol o en procesos de refino y síntesis química.
El problema es que, en la actualidad, la mayor parte de ese hidrógeno se produce a partir de gas natural, generando importantes emisiones de CO₂ (hidrógeno “gris”).
El hidrógeno renovable, producido mediante electrólisis con electricidad renovable, permite:
- sustituir ese hidrógeno fósil sin cambiar los procesos industriales,
- reducir de forma drástica las emisiones asociadas,
- y avanzar hacia productos químicos con menor huella de carbono.
Diversos estudios señalan que, solo en procesos como el amoníaco o el metanol, el uso de hidrógeno renovable puede reducir más de un 30 % de las emisiones asociadas al proceso frente a las tecnologías convencionales.
Además, el hidrógeno puede utilizarse como fuente de calor en procesos industriales que requieren altas temperaturas y que son difíciles de electrificar por completo, algo muy habitual en la química.
Costes energéticos y competitividad en la industria
Uno de los grandes temores del sector industrial es que la descarbonización suponga una pérdida de competitividad. Sin embargo, los gases renovables pueden jugar un papel justo en el sentido contrario.
- Reducen la exposición a la volatilidad de los mercados internacionales de gas.
- Permiten diversificar las fuentes de suministro energético.
- Facilitan el cumplimiento de objetivos climáticos sin penalizar la producción.
En un contexto europeo donde las exigencias ambientales son cada vez mayores, disponer de alternativas energéticas limpias puede convertirse en una ventaja competitiva, no en un lastre.
Además, la seguridad de suministro es un aspecto clave para la industria química. Los gases renovables, especialmente el biometano, pueden almacenarse y gestionarse con las infraestructuras gasistas existentes, aportando estabilidad al sistema energético.
Un impacto que va más allá de la fábrica
La adopción de biometano e hidrógeno renovable en la industria química no tiene solo efectos ambientales o económicos internos. Su impacto es más amplio:
- Reducción de emisiones en sectores difíciles de descarbonizar.
- Impulso a cadenas de valor locales, vinculadas a residuos y bioeconomía.
- Menor dependencia energética exterior, especialmente relevante en contextos de crisis geopolítica.
- Creación de empleo en nuevas actividades industriales y energéticas.
Para territorios industriales como la Comunitat Valenciana, esto abre la puerta a una transición energética que asegura la continuidad de su industria.
Gases renovables: una pieza clave de la transición industrial
La transición energética no puede apoyarse solo en la electrificación. Hay sectores, como la industria química, donde los gases renovables son imprescindibles para avanzar de forma realista y eficaz.
El biometano y el hidrógeno renovable no son soluciones teóricas ni futuristas: son herramientas disponibles, escalables y compatibles con la industria actual.
Incorporarlos al mix energético industrial no solo reduce emisiones, sino que:
- aportan estabilidad,
- refuerzan la competitividad,
- y conectan la transición energética con la economía real.
Un aspecto que subraya la importancia estratégica de este debate es lo que está ocurriendo en la propia industria química valenciana. La Asociación de Empresas Químicas de la Comunitat Valenciana (QUIMACOVA) ha puesto sobre la mesa una advertencia clara: el coste de la energía y la llamada “hiperregulación” están restando competitividad a las empresas del sector.
En palabras de Amaya Fernández de Uzquiano, presidenta de QUIMACOVA, durante la Asamblea General de la asociación:
“Desde el sector químico buscamos la armonización legislativa, lo que supone reducir la hiperregulación que sufrimos actualmente y que afecta de lleno a nuestras empresas restándoles competitividad”.
Su intervención refleja una preocupación compartida por muchas industrias intensivas en energía: no solo los precios, sino la inseguridad regulatoria y las cargas administrativas están dificultando la planificación a largo plazo. En este sentido, la transición hacia vectores energéticos más estables y previsibles, como el biometano y el hidrógeno renovable, no solo puede ayudar a reducir emisiones, sino también a inscribir a la industria en un marco más competitivo y atractivo para la inversión en Europa.
Si queremos una transición eficaz y sostenible, la industria debe formar parte de la solución. Y los gases renovables son una de las palancas más potentes para conseguirlo.
Este encuentro digital impulsado por FEIQUE a través de su iniciativa ‘Smart Chemistry, Smart Future’ está centrado en la industria química como vector estratégico para liderar la transición energética y combatir el cambio climático. A través de las intervenciones de expertos de empresas líderes como Air Liquide, Covestro, Carburos Metálicos y Nippon Gases, se analiza el papel fundamental del hidrógeno verde y las tecnologías de captura y uso de CO2 para alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Se subraya la importancia de la economía circular y la innovación científica para descarbonizar sectores industriales de difícil electrificación, destacando a Tarragona como un potencial polo de hidrógeno en el sur de Europa. En conjunto, ilustra cómo la colaboración entre el sector privado y el desarrollo tecnológico es indispensable para cumplir con el Pacto Verde Europeo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.