Corea del Sur: restos de comida convertidos en energía renovable
En el contexto de la transición energética, la gestión de residuos orgánicos —y más concretamente su valorización mediante digestión anaerobia para producir biogás— se ha convertido en una palanca clave. En este artículo, analizamos el caso de Corea del Sur, una de las naciones con mejor gestión de residuos de restos de comida, y extraemos conclusiones orientadas hacia su replicabilidad en España.
Lo que encontrarás aquí
- 1. Contexto y magnitud del reto
- 2. Separación domiciliaria y tarifas por peso: la base del sistema
- 3. Infraestructura de valorización: de la bolsa al biogás
- 4. ¿Por qué funciona tan bien? Factores clave
- 5. Lecciones para España: una oportunidad real en el biogás
- 6. El biogás como piedra angular del sistema
- 7. Conclusión
1. Contexto y magnitud del reto
En Corea del Sur, los residuos de comida suponen aproximadamente un 30 % del total de residuos municipales. Esta cifra pone en evidencia dos cosas: hay una gran masa de biorresiduo (residuo orgánico generable en las cocinas residenciales, restaurantes, producción de alimentos) y, por tanto, una gran oportunidad para su valorización.
La gestión tradicional de estos residuos acarrea varios problemas: emisiones de metano en vertedero, lixiviados contaminantes, y pérdida de recursos orgánicos que podrían reincorporarse al ciclo productivo. Corea del Sur decidió dar un giro completo a esta situación.
2. Separación domiciliaria y tarifas por peso: la base del sistema
Uno de los pilares del sistema surcoreano es la separación rigurosa en origen de los residuos de comida. Desde 2005 se prohibió el vertido directo de residuos de comida en vertederos.
La clave:
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Las residencias y negocios deben depositar sus restos de comida en bolsas específicas o contenedores señalizados.
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Se aplica un sistema de pago según lo que se tira (principio “pay-as-you-throw” / tarifa basada en volumen o peso): Volume‑Based Waste Fee (VBWF) primero, y más tarde el sistema “peso por residuo de comida”.
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Tecnología aplicada: contenedores inteligentes que leen tarjetas RFID, registran peso, imponen tarifa.
Este sistema tiene dos efectos potentes:
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Reduce la generación de residuos al incentivar que los hogares escurran el líquido de las sobras, seleccionen mejor y eviten tirar de más.
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Mejora la calidad del residuo: al separar bien, el residuo de comida llega diluido en impropios (plásticos, envases) mucho menos, lo que lo convierte en un flujo apto para digestores anaerobios.
3. Infraestructura de valorización: de la bolsa al biogás
La hoja de ruta se completa con la infraestructura para tratar el residuo separado. En Corea del Sur se articulan varios destinos para los restos de comida: compostaje, pienso animal (cuando es apto) y digestión anaerobia para biogás.
Algunos datos destacados:
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El centro Daejeon Bioenergy Center procesa alrededor de 400 toneladas diarias de residuos de comida y suministra biogás que abastece unas 20.000 viviendas.
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En 2024 se informa de una tasa de reciclaje de residuos de comida cercana al 98%, lo que implica que casi todo el biorresiduo generado se valoriza y no va a vertedero.
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Un estudio reciente confirma que, gracias a la separación y al tratamiento, el residuo orgánico se transforma en compost, pienso y biogás de forma integrada.
La producción de biogás es particularmente relevante desde la óptica de transición energética: residuos que antes generaban emisiones de metano sin control ahora se usan para generar electricidad, calor o incluso inyección de biometano (en algunos casos). En un artículo se menciona que existe una estrategia nacional para producir “hasta 500 millones Nm³/año de biogás” para 2026 reduciendo así más de un millón de toneladas de CO₂-eq.
4. ¿Por qué funciona tan bien? Factores clave
Varios factores han hecho que Corea del Sur alcance este nivel de eficacia:
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Marco regulatorio claro: prohibición del envío de residuos de comida a vertederos, obligación de separación domiciliaria, sistema tarifa por peso.
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Inversión en infraestructura: contenedores inteligentes, plantas de digestión anaerobia, sistemas logísticos optimizados.
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Cultura ciudadana y concienciación: campañas de educación, implicación de hogares y restaurantes, incentivos positivos (o penalización de impropios).
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Estrategia de economía circular: los residuos se convierten en recursos: fertilizante, pienso, y biogás. Esto completa el “loop” desde la cocina al digestor al fertilizante o energía.
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Volumen adecuado y densidad poblacional: Corea, con alta densidad urbana, puede hacer que la logística sea eficiente, lo que facilita la replicabilidad del modelo a escala municipal.
5. Lecciones para España: una oportunidad real en el biogás
Para España, muchas de estas prácticas son relevantes y pueden adaptarse al contexto nacional — con particular énfasis en la producción de biogás a partir de residuos de comida, que es un vector de doble beneficio: gestión de residuos + energía renovable.
Aspectos a aplicar con prioridad:
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Asegurar que la separación domiciliaria del orgánico sea verdaderamente obligatoria y esté bien monitorizada.
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Implantar un sistema de pago por peso o volumen para el biorresiduo, para incentivar la calidad del flujo (menos impropios).
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Invertir en plantas de digestión anaerobia municipales o comarcales específicamente para residuos de comida, con objetivo de producción de biogás/biometano.
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Establecer incentivos legales y económicos para la producción de biogás, incluyendo tarifas o primas, y para la utilización del digestato como fertilizante.
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Comunicar y educar sobre la valorización energética del biorresiduo, reforzando que “no es solo compostaje”, sino también producción de energía renovable.
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Medir y publicar indicadores de calidad del residuo, tasas de reciclaje, volumen de biogás producido, para generar transparencia y mejora continua.
6. El biogás como piedra angular del sistema
Entre todas las rutas de valorización del residuo de comida, el biogás tiene un papel crucial y muchas ventajas:
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Aprovecha el 100% del residuo orgánico para producir energía y fertilizante, en lugar de solo compostar.
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Ayuda a reducir emisiones de gases de efecto invernadero que se generarían en vertedero o incineración.
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Puede integrarse en la cadena de energía renovable: generación eléctrica, térmica o inyección de biometano.
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Permite cerrar el ciclo de la economía circular entre residuos agrícolas/urbanos y energía/fertilizante.
En el modelo coreano, la digestión anaerobia no es una alternativa secundaria: es una columna vertebral del sistema de residuos de comida. España, con su gran potencial en biogás (y su reciente desarrollo regulatorio en esta materia), puede beneficiarse de replicar este enfoque.
7. Conclusión
El caso de Corea del Sur demuestra que gestionar de forma eficiente los residuos de comida no es solo un tema de reducir basura, sino una estrategia de energía, economía circular y sostenibilidad. La clave está en combinar separación domiciliaria rigurosa, tarifas por residuo, infraestructura de tratamiento y valorización energética mediante biogás.
Para España, focalizarse en el biorresiduo, diseñar sistemas que garanticen un residuo limpio y dotar de digestores anaerobios bien dimensionados es una oportunidad de oro. No se trata solo de “reciclar más”, sino de transformar residuos en energía renovable, y en ese proceso, el biogás es una apuesta ganadora.
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