Claves del ‘Curso de Biometano para Periodistas’ de APPA Renovables: biometano bajo la lupa
¿Cuánto del potencial de biometano que tiene España puede convertirse realmente en proyectos? ¿Cómo funciona una planta? ¿Puede generar olores? ¿Qué ocurre con el digestato? ¿Y por qué existe oposición social a algunos proyectos?
Lo que encontrarás aquí
- 1. El recurso: de dónde sale el biometano y cuál es el potencial real
- 2. Cómo opera una planta de biogás/biometano: del residuo a la red o al uso final
- 3. Olores e impactos en el entorno: riesgos reales, prevención y buenas prácticas
- 4. Digestato o digerido: un biofertilizante sostenible en una lógica de economía circular
- 5. Del curso al debate: empleo rural, aceptación social, confianza y comunicación
- ¿Cuánto empleo genera realmente una planta?
- ¿Por qué existe oposición social?
- Escuchar antes de decidir qué necesita un municipio
- El alperujo: integrar en lugar de desplazar
- Laureano Parrilla se incorpora al debate: ¿podemos copiar los modelos europeos?
- Una pregunta muy ciudadana: ¿quién comprueba si una planta realmente huele?
- Del conocimiento técnico a la confianza social
APPA Renovables reunió a profesionales del sector y periodistas en un Curso de biometano para periodistas, celebrado el 23 de septiembre, con el objetivo de abordar algunas de las principales cuestiones que rodean al desarrollo de esta tecnología en España.
Tras la bienvenida de José María González Moya, director general de APPA Renovables, la jornada permitió recorrer buena parte de la cadena del biometano a través de cuatro miradas complementarias: los recursos disponibles y su potencial real; el funcionamiento y operación de las plantas; los olores y otros posibles impactos en el entorno; y la gestión y valorización del digestato.
Pero la conversación fue más allá de la tecnología. Las preguntas de los periodistas abrieron un interesante debate sobre empleo rural, implantación territorial, oposición social, confianza en las administraciones y comunicación, al que se incorporó también Laureano Parrilla, presidente de APPA Biogás.
1. El recurso: de dónde sale el biometano y cuál es el potencial real
José Antonio La Cal, director general de Bioliza, centró su intervención en una cuestión fundamental: los recursos.
Su punto de partida fue diferenciar el biometano de otras energías renovables. Mientras el sol o el viento son recursos que no necesitan gestionarse, la biomasa sí exige hacerlo.
Una idea que resumió así:
“Cualquier proyecto de bioenergía hay que enfocarlo de abajo a arriba, no de arriba a abajo”.
La Cal explicó que España dispone de recursos procedentes fundamentalmente de cuatro ámbitos: ganadería, agricultura, agroindustria y entorno urbano, incluyendo la fracción orgánica de los residuos municipales y los lodos de estaciones depuradoras.
Pero disponer de residuos o subproductos orgánicos no significa automáticamente que todos ellos puedan transformarse en biometano.
Precisamente por ello presentó los resultados de un estudio realizado para APPA dirigido a distinguir entre potencial bruto, potencial disponible y potencial realmente movilizable.
El estudio parte de un potencial bruto de aproximadamente 151 TWh anuales. Al incorporar restricciones de accesibilidad, la cifra se situaría en unos 97 TWh y, cuando se añaden condicionantes relacionados con usos existentes, prácticas agrarias, normativa, disponibilidad de agua, logística o distancia a la red gasista, el potencial movilizable estimado se situaría entre 25 y 35 TWh anuales.
Trasladado a instalaciones de alrededor de 100 GWh, estaríamos hablando del orden de 250 a 350 plantas. Alcanzar ese horizonte en diez años supondría poner en marcha aproximadamente entre 25 y 35 instalaciones cada año.
La Cal insistió, sin embargo, en que ese potencial podría aumentar si se superan determinadas barreras. Entre ellas citó la necesidad de mayor claridad y estabilidad normativa, agilización administrativa, coordinación entre comunidades autónomas y mecanismos de apoyo que reduzcan la incertidumbre de los proyectos.
Otro de los asuntos abordados fue el alperujo, subproducto de la industria oleícola. La aparición de nuevos usos vinculados al biometano puede entrar en competencia con una cadena de valorización ya existente, la industria orujera.
Su planteamiento fue claro:
“Lo que hay que hacer es intentar buscar sinergia, no competir”.
Una reflexión que posteriormente volvería a aparecer durante el coloquio.
2. Cómo opera una planta de biogás/biometano: del residuo a la red o al uso final
Ciro García, director técnico de IAM Carbonzero, abordó el funcionamiento y, especialmente, la operación de las plantas de biometano.
Una de las primeras ideas que quiso trasladar fue que resulta difícil hablar de un modelo único de instalación:
“Las plantas son absolutamente dependientes del territorio. Cada planta es de su padre y de su madre”.
Los sustratos disponibles, sus características y localización, las distancias de transporte, la conexión a la red gasista y las particularidades de cada entorno condicionan el diseño y funcionamiento de los proyectos.
Durante su intervención explicó el recorrido que sigue la materia orgánica dentro de una instalación y la importancia de controlar el proceso completo: recepción y acondicionamiento de los sustratos, digestión anaerobia, producción de biogás, upgrading para obtener biometano, gestión del digestato y conexión o transporte del gas producido.
Pero García introdujo también un elemento económico especialmente interesante para comprender por qué una buena operación es fundamental.
Según explicó, el biometano es un negocio con márgenes ajustados en el que una mala operación puede comprometer directamente la rentabilidad:
“No puedes operar mal. Si operas mal, estás tirando dinero. No tienes más remedio que operar bien, porque si no aquello no sale”.
La huella de carbono adquiere además importancia en el propio modelo de negocio. Una gestión deficiente de los sustratos, las fugas de metano u otros problemas de operación pueden deteriorar el balance ambiental de la instalación y afectar también a su viabilidad económica.
Su intervención dejó así una reflexión relevante: la eficiencia económica y el desempeño ambiental no son necesariamente variables contrapuestas. En determinados aspectos de una planta de biometano están directamente relacionadas.
3. Olores e impactos en el entorno: riesgos reales, prevención y buenas prácticas
Jesús Blas, COO de Pretium Renovables, abordó uno de los asuntos que mayor preocupación despierta entre las poblaciones próximas a determinados proyectos: los olores.
Y comenzó reconociendo el problema sin negarlo:
“El olor es un riesgo que existe”.
La cuestión, explicó, es identificar dónde puede producirse y qué medidas pueden adoptarse para prevenirlo y mitigarlo.
Según Blas, uno de los puntos más sensibles se encuentra en la recepción y pretratamiento de los residuos, antes de que entren en los digestores.
También señaló otro impacto que preocupa a los municipios: el tráfico de camiones asociado al transporte de materias primas.
La elección de la ubicación se convierte por ello en una de las primeras medidas preventivas. Evitar que las rutas atraviesen núcleos urbanos, estudiar las distancias respecto a las viviendas y conocer sobre el terreno los usos previstos por el municipio forman parte del desarrollo de un proyecto.
A ello se suma el diseño técnico. Naves cerradas, biofiltros, lavado químico y carbón activo fueron algunas de las tecnologías citadas durante la presentación para controlar diferentes emisiones potencialmente generadoras de olor.
Pero Blas puso el mismo énfasis en una cuestión menos tecnológica: estar en el territorio.
Los estudios previos realizados desde una oficina, señaló, no permiten conocer todas las particularidades locales. Reunirse con ayuntamientos, asociaciones, agricultores, ganaderos y vecinos puede revelar condicionantes que no aparecen en ningún mapa.
Las visitas a plantas en funcionamiento fueron otra de las herramientas defendidas durante su intervención para que ciudadanos y representantes locales puedan comprobar directamente cómo funcionan estas instalaciones.
Su conclusión resumió su planteamiento:
“El olor es un riesgo, sí, existe, pero […] lo podemos gestionar y lo podemos mitigar”.
La condición, insistió, es combinar una buena ubicación, prevención, tecnología, diseño y operación.
4. Digestato o digerido: un biofertilizante sostenible en una lógica de economía circular
Rubén Hornero, Chief Feedstock & Byproducts Officer de Verdalia, trasladó la conversación al otro gran producto de la digestión anaerobia: el digestato o digerido.
Verdalia cuenta, según explicó durante la jornada, con 13 plantas en operación en Italia, experiencia desde la que abordó las diferentes posibilidades de gestión y valorización del material resultante.
Una de sus primeras aclaraciones fue especialmente sencilla:
“No se generan más nutrientes […] los nutrientes son los que son y lo que entra es lo que sale”.
Durante la digestión anaerobia cambia, sin embargo, la forma en la que se encuentra parte del nitrógeno. Según explicó, aumenta la proporción de nitrógeno amoniacal, más disponible para los cultivos que parte del nitrógeno orgánico presente originalmente.
A partir del digestato bruto existen diferentes alternativas.
Una separación sólido-líquido permite gestionar de manera diferente ambas fracciones. La sólida puede aplicarse directamente en determinadas condiciones o someterse a compostaje y posteriores procesos de peletización o granulación. La fracción líquida puede utilizarse agronómicamente o someterse a tratamientos adicionales, como el ammonia stripping, para recuperar nitrógeno en forma de sulfato amónico.
La gestión, no obstante, es determinante.
“Si esto va en exceso, como todo, si metes muchísimos nutrientes por hectárea, va a contaminar”.
De ahí la importancia de las dosis de aplicación, los análisis, la higienización, los registros y los cuadernos de campo.
Hornero recordó también que la presencia de determinados contaminantes no aparece como consecuencia de la digestión: si existen, por ejemplo, metales pesados, procederían de las materias primas introducidas en la instalación.
Su intervención puso sobre la mesa un aspecto cada vez más importante en el debate sobre biometano: una planta no termina en la producción del gas. La gestión del digestato, su trazabilidad, tratamiento y adecuación agronómica forman parte del propio proyecto.
5. Del curso al debate: empleo rural, aceptación social, confianza y comunicación
El turno de preguntas de los periodistas terminó convirtiéndose en una de las partes más interesantes de la jornada.
Sobre la mesa aparecieron cuestiones relacionadas con el empleo, la oposición social, los beneficios para los municipios, la competencia por los recursos, el digestato, los modelos europeos y el control de los impactos.
¿Cuánto empleo genera realmente una planta?
Una de las primeras preguntas abordó el número de puestos de trabajo que puede generar una instalación.
Las respuestas situaron el empleo directo en cifras relativamente reducidas, pero señalaron que deben añadirse los puestos indirectos relacionados con logística, mantenimiento, construcción y otras actividades vinculadas a la instalación.
El debate introdujo además una perspectiva territorial importante: diez empleos pueden tener un impacto muy diferente en una gran ciudad que en un municipio de pocos cientos o miles de habitantes.
¿Por qué existe oposición social?
La conversación se intensificó cuando se planteó directamente la creciente contestación a algunos proyectos.
En este punto aparecieron diferentes interpretaciones sobre las causas de esa oposición. Algunos participantes apuntaron a posibles intereses económicos o políticos. Son opiniones expresadas durante la tertulia y no hechos acreditados durante la jornada.
Sí hubo una coincidencia bastante amplia alrededor de otra cuestión: el sector necesita mejorar su capacidad de explicar los proyectos y hacerlo sobre el terreno.
Una de las preguntas formuladas durante el coloquio resumió perfectamente el desafío:
“¿Y qué vais a hacer para ganarles el relato? Porque por lo visto con los datos tenéis la partida ganada, pero ¿y el relato, qué vais a hacer?”.
La respuesta llevó la conversación hacia la responsabilidad compartida entre empresas, asociaciones sectoriales, administraciones y medios de comunicación.
Los participantes defendieron una comunicación más próxima, visitas a instalaciones, trabajo con asociaciones locales y una mayor presencia de las administraciones en la explicación de los controles existentes.
También se puso sobre la mesa la importancia de que, ante una controversia, los medios incorporen diferentes fuentes y permitan contrastar las distintas posiciones.
Escuchar antes de decidir qué necesita un municipio
Otra pregunta se centró en los beneficios que una planta puede aportar a su entorno.
Jesús Blas explicó que la aproximación de Pretium parte de una “escucha activa” para conocer las necesidades concretas de cada municipio y evitar plantear soluciones predeterminadas.
“Vamos a los municipios e intentamos ver sus necesidades”.
Durante la conversación se citaron ejemplos de servicios demandados por las propias poblaciones y se habló también del impacto que los impuestos asociados a determinadas instalaciones pueden representar para presupuestos municipales pequeños.
La reflexión resulta especialmente interesante: la integración territorial de un proyecto no debería reducirse únicamente a compensaciones económicas, sino comenzar por conocer qué necesita realmente cada comunidad.
El alperujo: integrar en lugar de desplazar
La tertulia volvió también sobre el caso del olivar andaluz.
José Antonio La Cal explicó cómo la aparición de numerosos proyectos interesados en utilizar alperujo puede modificar una cadena de gestión históricamente articulada alrededor de las orujeras.
La conclusión del intercambio fue mucho más constructiva que plantear una confrontación entre ambas actividades:
“Yo creo que esa es la clave, buscar la sinergia y llegar a acuerdo”.
La conversación apuntó así hacia la necesidad de desarrollar el biometano teniendo en cuenta la organización previa de los sectores y evitando llegar a los territorios como si los recursos que se pretenden utilizar no tuvieran ya propietarios, usos, mercados y cadenas de valor asociadas.
Laureano Parrilla se incorpora al debate: ¿podemos copiar los modelos europeos?
En la parte final del coloquio se incorporó Laureano Parrilla, presidente de APPA Biogás, coincidiendo con una pregunta especialmente interesante: ¿qué países europeos pueden servir de referencia para España?
La conversación introdujo un matiz fundamental. Comparar únicamente el número de plantas puede conducir a conclusiones equivocadas porque cambian los sistemas de incentivos, la estructura de las redes gasistas, los recursos disponibles y las condiciones regulatorias.
Parrilla lo resumió así:
“No podemos comparar los mercados”.
Durante su intervención se abordaron las diferencias con países como Francia o Italia, que han contado con mecanismos de apoyo distintos, y la necesidad de analizar el modelo español atendiendo a sus propias características.
El debate puso también el foco en otra cuestión recurrente durante toda la jornada: el tamaño de una planta no puede analizarse aisladamente de su ubicación, de los recursos disponibles y de su integración en el territorio.
Una pregunta muy ciudadana: ¿quién comprueba si una planta realmente huele?
La última pregunta llevó la conversación a un terreno especialmente relevante para la confianza social.
Si vecinos y promotores mantienen versiones completamente distintas sobre los olores de una instalación, ¿por qué no interviene una parte neutral que mida y determine qué está ocurriendo?
Los participantes explicaron que los proyectos están sujetos a estudios olfatométricos, planes de vigilancia ambiental e inspecciones administrativas y señalaron que los técnicos de la Administración constituyen precisamente esa tercera parte encargada de verificar el cumplimiento de las condiciones establecidas.
“Los controles existen y esa tercera parte existe siempre”.
El intercambio dejó, sin embargo, una cuestión que trasciende el propio biometano:
No basta con que existan controles. La ciudadanía necesita conocerlos, entender qué se mide y poder confiar en sus resultados.
Del conocimiento técnico a la confianza social
La jornada organizada por APPA Renovables comenzó hablando de recursos, procesos, olores y digestato y terminó hablando de algo bastante más amplio: confianza.
Confianza en que los proyectos se diseñen bien. En que las empresas operen correctamente. En que las administraciones controlen. En que los medios contrasten. Y también en que las preocupaciones de los ciudadanos sean escuchadas y respondidas con información verificable.
Uno de los intercambios finales introdujo además cierta autocrítica: el sector ha avanzado muy deprisa y quizá no siempre ha explicado suficientemente bien lo que estaba haciendo.
Porque el desarrollo del biometano en España no se decidirá únicamente en los digestores, las redes de gas o los expedientes administrativos.
También se decidirá en los territorios y en la capacidad de convertir información técnica compleja en conocimiento comprensible, contrastable y útil para que la sociedad pueda formarse su propia opinión.