Alperujo: ¿residuo, subproducto, sustrato o materia prima?
Introducción
Cuando se produce aceite de oliva en una almazara, solo una parte de la aceituna termina convirtiéndose en aceite. Todo lo demás se llama alperujo. De hecho, representa aproximadamente el 80% del peso de la aceituna y está formado por una mezcla de agua, pulpa, piel, hueso y pequeñas cantidades de aceite.
Durante décadas, el alperujo ha sido una especie de “personaje incómodo” en el sector del aceite de oliva. A veces se ha visto como un problema que hay que gestionar, y otras como un recurso con potencial. En función del contexto, se ha considerado residuo, subproducto, sustrato o incluso materia prima.
El debate se intensificó especialmente en los años noventa, cuando muchas almazaras pasaron del sistema tradicional de tres fases (aceite, orujo y alpechín) al sistema de dos fases (aceite y alperujo). Este cambio tecnológico transformó por completo la forma de gestionar los subproductos del proceso.
Para la almazara, el objetivo principal siempre ha sido producir aceite de oliva de la máxima calidad. Por eso, históricamente toda la atención se ha centrado en el aceite. El resto de materiales generados, alperujo, hojas y ramas de la limpieza de la aceituna o aguas residuales, se han percibido muchas veces como un residuo del que hay que deshacerse, incluso asumiendo un coste.
Con el tiempo, algunas fracciones han empezado a valorizarse. Por ejemplo, el hueso de aceituna, que se separa de la pulpa y se utiliza como biocombustible sólido, tanto para su venta como para autoconsumo en la propia almazara, generando agua caliente.
Para la industria orujera, en cambio, el alperujo ha sido tradicionalmente una materia prima. Estas industrias se encargan de valorizarlo y obtener productos como aceite de orujo de oliva, hueso de aceituna y orujillo.
Desde el cambio al sistema de dos fases, las orujeras han tenido que realizar importantes inversiones en balsas de almacenamiento y sistemas de secado, ya que pasaron de trabajar con materiales que tenían aproximadamente un 50-55% de agua a otros que contienen entre un 70 y un 75%.
Para secar este material, las orujeras suelen utilizar dos alternativas principales:
El propio orujillo, que se obtiene al final del proceso de secado y extracción química, cuando esta se realiza. No todas las orujeras cuentan con extractora química. Este sistema exige instalar costosos sistemas de filtrado para cumplir con los límites de emisión de partículas.
Los gases de escape de motores o turbinas de cogeneración alimentados con gas natural, una alternativa cuyo futuro es incierto debido a los cambios regulatorios planteados en relación con este tipo de instalaciones.
En términos sencillos, el recorrido del alperujo es el siguiente: se genera en la almazara y posteriormente se envía a la orujera, donde se somete a varios procesos industriales, deshuesado, repasado o segunda centrifugación, secado y extracción química mediante hexano, para recuperar y valorizar sus componentes.
Qué dice la normativa
La normativa también ha intentado aclarar cómo debe considerarse este material.
El artículo 1 de la Orden TED/92/2022, de 8 de febrero, establece que los orujos grasos procedentes de almazaras, cuando se destinan a la extracción de aceite de orujo de oliva crudo, se consideran subproductos a efectos de la legislación sobre residuos, siempre que se cumplan los requisitos establecidos en dicha orden.
Esto significa que no siempre deben considerarse residuos, sino que pueden tratarse como subproductos dentro de una cadena de valorización industrial.
Ahora bien, cuando no se cumplen los requisitos establecidos en la normativa, estos materiales pasan a estar sujetos al régimen jurídico de residuos regulado por la Ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados.
En otras palabras: la legislación actual establece claramente cuándo el alperujo puede considerarse subproducto y cuándo debe tratarse como residuo.

Por qué el alperujo genera debate
A pesar de su larga historia en el sector oleícola, la gestión del alperujo sigue generando debate prácticamente cada campaña.
Hay varios factores que explican esta situación:
- Cada vez contiene más agua, lo que aumenta los costes de transporte, manipulación y secado.
- Se produce más cantidad, debido a la expansión de nuevas plantaciones de olivar.
- En algunos años, la capacidad de almacenamiento en las orujeras ha estado cerca del límite, aunque estas industrias han ampliado sus infraestructuras en los últimos años.
- Además, en muchos casos las almazaras realizan procesos de deshuesado y repasado antes de enviar el material a la orujera, lo que reduce el valor del alperujo que reciben estas industrias.
También existen cuestiones económicas que no siempre están claras:
- ¿La almazara paga por retirar el alperujo o recibe un precio por él?
- ¿Cuál es su precio de mercado?
- ¿Quién lo fija y de qué depende?
Estas preguntas suelen resolverse campaña a campaña, en función de factores como la producción de aceituna o la capacidad de las orujeras.
Otro debate habitual tiene que ver con la logística. El transporte por carretera de grandes volúmenes de material que contiene aproximadamente un 70% de agua plantea dudas sobre su eficiencia y sostenibilidad, especialmente cuando se recorren largas distancias entre almazaras y orujeras.
A esto se suman otras cuestiones que aparecen recurrentemente en el sector:
- La falta de balsas de almacenamiento en muchas almazaras.
- El posible desarrollo de usos alternativos, como el compostaje o la producción de biometano.
- La percepción ambiental de las emisiones visibles de las chimeneas de las orujeras.
- debates regulatorios relacionados con el aceite de orujo.
En definitiva, el alperujo ha estado siempre rodeado de preguntas técnicas, económicas y regulatorias.
Qué lo hace interesante como biomasa
Desde el punto de vista energético o industrial, el alperujo tiene varias características que lo hacen interesante:
- Se genera en grandes cantidades y de forma relativamente concentrada.
- Su valorización no suele generar rechazo social.
- Contiene compuestos de valor, como polifenoles, compuestos volátiles o lignocelulosa.
- Su gestión está concentrada en un número limitado de industrias especializadas.
- Puede tener un coste competitivo frente a otras fuentes de biomasa.
Sin embargo, también presenta limitaciones importantes:
- Es estacional, ya que depende de la campaña de aceituna.
- Tiene un elevado contenido en agua, lo que complica su tratamiento.
- La relación entre almazaras y orujeras no siempre es sencilla.
- Su consideración administrativa como residuo o subproducto puede generar incertidumbre.
Usos actuales del alperujo
Hoy en día, el destino mayoritario del alperujo sigue siendo su envío a la industria orujera.
Allí se procesa para obtener:
- aceite de repaso
- hueso de aceituna
- aceite de orujo de oliva crudo (que posteriormente se refina)
- orujillo
Estas industrias son, en muchos sentidos, ejemplos claros de economía circular, ya que prácticamente todos los componentes del alperujo se aprovechan.
Existen también otros usos, aunque mucho menos extendidos:
- Compostaje, normalmente mezclado con paja o estiércoles.
- Alimentación animal, una práctica poco común.
- Cosustrato en plantas de biometano.
Un ejemplo reciente es la planta de La Calahorra (Granada), que utiliza aproximadamente un 20% de alperujo en su mezcla de sustratos para producir biometano.

Retos de futuro
Las orujeras siguen siendo hoy el principal actor en la valorización del alperujo, ya que cuentan con las instalaciones y la experiencia necesarias.
Sin embargo, el desarrollo de nuevas tecnologías, como la digestión anaerobia para producir biometano, podría ampliar las opciones de aprovechamiento de este material.
Esto podría abrir nuevas oportunidades dentro del sector oleícola e incluso modificar la relación tradicional entre almazaras y orujeras.
El futuro del alperujo dependerá en gran medida de:
- la evolución de la normativa
- el desarrollo de nuevas tecnologías de valorización
- y el papel que jueguen los diferentes actores del sector.
En cualquier caso, cualquier solución que permita generar más valor para el sector oleícola y para el territorio, apoyándose en la tecnología y mejorando la competitividad del sector, merece ser tenida en cuenta.
Artículo escrito por: Jose Antonio La Cal Herrera
Experto en Bioenergía y socio fundador en BIOLIZA
Entrevista a Jose Antonio La Cal Herrera