Bioeconomía y biopolígonos: dejar de producir residuos y generar valor
Bioeconomía y biopolígonos: cuando el territorio deja de ser proveedor de residuos y empieza a generar valor
El 5 de mayo, la Comisión de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación del Parlament de Catalunya abordó una cuestión estratégica para el futuro del mundo rural: la bioeconomía y los biopolígonos.
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La comparecencia de Teresa Botargues Giron situó el debate en un marco muy claro: Cataluña, España y buena parte de Europa comparten una vulnerabilidad estructural. Nuestro modelo económico depende todavía de recursos fósiles, minerales y materias primas que no tenemos y que debemos importar. Esa dependencia afecta a la autonomía estratégica, al equilibrio territorial y al impacto climático del modelo productivo.
Frente a esa realidad, Botargues defendió mirar hacia los recursos que sí existen en el territorio: sol, agua, viento, biomasa, excedentes agrarios y ganaderos, bosques y servicios ecosistémicos. Todo ese conjunto forma parte del capital natural renovable.
Y aquí aparece un dato clave: la demarcación de Lleida concentra alrededor del 50 % del capital natural renovable de Cataluña. Una realidad que, bien gestionada, puede convertirse en una oportunidad económica, industrial y social.
La bioeconomía fue presentada como un modelo capaz de sustituir progresivamente recursos fósiles por recursos biológicos renovables, bajo criterios de sostenibilidad, circularidad y regeneración. Pero también como algo más que una idea ambiental: una estrategia para generar actividad económica, atraer inversión, fijar población y crear empleo en zonas rurales.
Uno de los conceptos centrales de la comparecencia fue el de los biopolígonos: áreas industriales especializadas en actividades vinculadas a la bioeconomía, donde distintas industrias pueden compartir infraestructuras, aprovechar subproductos y generar simbiosis industrial. Es decir, que el residuo de una actividad pueda convertirse en materia prima de otra.
Botargues lo explicó con una imagen muy clara: del mismo modo que una refinería no tiene sentido lejos del petróleo, una biorrefinería no debería estar lejos de los recursos orgánicos renovables que necesita para funcionar.
En este contexto, Alcarràs apareció como uno de los ejemplos más avanzados. Un proyecto promovido por 150 familias ganaderas que supieron ver una oportunidad donde antes solo se veía un problema: la gestión de subproductos orgánicos. Según explicó Botargues, el biopolígono de Alcarràs ya está funcionando, ha creado empleo y permite transformar recursos del territorio en biofertilizantes, gas renovable y nuevas oportunidades de negocio.
Tras la exposición inicial, los grupos parlamentarios abrieron un debate amplio y diverso.
Desde Esquerra Republicana, se puso el acento en la necesidad de una gobernanza más efectiva. La diputada preguntó cómo articular una agenda compartida que implique a distintos departamentos de la Generalitat, desde agricultura hasta industria, energía, territorio, innovación y formación. También planteó qué inversiones públicas podrían ayudar a hacer más atractiva la inversión privada, especialmente en territorios que necesitan transformación económica.
El PSC destacó que Lleida era el lugar natural para impulsar esta transformación, precisamente por su peso en recursos renovables. Su intervención subrayó la necesidad de unidad entre administraciones, de visión a largo plazo y de acompañamiento técnico a los municipios, especialmente a los más pequeños, para que puedan tramitar y desarrollar este tipo de proyectos sin quedar bloqueados por falta de medios.
Junts introdujo una cuestión decisiva: la aceptación social. Su diputado recordó que muchas infraestructuras renovables, incluidas plantas de biogás, generan rechazo en algunos municipios. Planteó la necesidad de formación, información y transparencia para evitar que el cambio de paradigma energético choque con la desconfianza ciudadana. También defendió que los planes territoriales de energías renovables no deberían limitarse a la solar y la eólica, sino incluir biogás, biomasa y otros recursos renovables adaptados a cada comarca.
Desde el Partido Popular, el debate se centró en el realismo económico y en el papel del sector primario. Su diputado advirtió del riesgo de que la bioeconomía quede reducida a una etiqueta moderna si no genera resultados tangibles para agricultores, ganaderos e industria local. Su pregunta fue directa: ¿los agricultores y ganaderos serán protagonistas de estos biopolígonos o simples proveedores de materia prima?
Vox coincidió en la importancia de que estos proyectos sean rentables y no solo sostenibles. Señaló dos obstáculos principales: la necesidad de inversión inicial y la dificultad de obtener resultados inmediatos. También preguntó por la agenda compartida española y por la estrategia para atraer inversores capaces de materializar estos proyectos.
Los Comuns plantearon una mirada centrada en la política pública, el retorno económico para el productor agrario y los indicadores de circularidad. Preguntaron cómo medir el éxito real de la simbiosis industrial, cómo evitar conflictos entre usos alimentarios, energéticos e industriales de la biomasa y qué papel deben jugar las administraciones locales para que un biopolígono no sea solo un espacio productivo, sino un verdadero motor de revitalización rural.
La CUP introdujo la visión más crítica. Reconoció la necesidad de afrontar la dependencia energética y material, pero alertó del riesgo de convertir determinados territorios en zonas de sacrificio. Su intervención insistió en que la bioeconomía debe desplegarse con equilibrio territorial, participación real y sin concentrar excesivamente instalaciones en zonas rurales concretas.
En su respuesta final, Teresa Botargues insistió en una idea fundamental: sin el sector primario, la bioeconomía no es posible. Las biorrefinerías necesitan los excedentes y subproductos que genera la agricultura, la ganadería y la gestión forestal. Por eso defendió que el objetivo no debe ser que el territorio sea utilizado desde fuera, sino que actúe como emprendedor y pueda interlocutar de igual a igual con inversores, administraciones y empresas.
También dejó una afirmación especialmente relevante: la licencia social no debe entenderse como el resultado final de un proyecto, sino como su punto de partida. Si no hay aceptación social, excelencia ambiental y beneficio económico para el territorio, el modelo no funciona.
Otro de los mensajes clave fue el cambio de rol del agricultor y del ganadero. En un modelo tradicional, muchos productores son clientes de gestores de residuos. En un modelo de bioeconomía bien articulado, pueden convertirse en proveedores de bioindustrias. Ese cambio no es menor: puede reducir costes, mejorar márgenes y abrir nuevas vías de ingresos.
La comparecencia terminó con tres peticiones principales:
- Primera, que las políticas agrarias, energéticas, industriales, de investigación, innovación y formación tengan como denominador común la gestión sostenible del capital natural renovable.
- Segunda, que la agenda de bioeconomía pueda desplegarse también a escala estatal, más allá de los ciclos electorales y de las diferencias partidistas.
- Tercera, que la Generalitat acelere el reconocimiento institucional de los biopolígonos como áreas económicas especializadas en bioeconomía, dando seguridad jurídica a municipios, productores, empresas e inversores.
El debate dejó una conclusión clara: la bioeconomía ya no es una idea lejana ni un concepto académico. Es una oportunidad concreta para transformar residuos en recursos, generar energía renovable, producir fertilizantes, impulsar nuevas industrias y crear empleo en el territorio.
Pero también dejó una advertencia: para que funcione, no basta con tener recursos. Hace falta gobernanza, planificación, inversión, rigor técnico, aceptación social y protagonismo real del sector primario.
Cataluña, y especialmente Lleida, tiene una oportunidad estratégica. La cuestión ahora es si será capaz de convertir esa ventaja territorial en un modelo económico sostenible, equilibrado y útil para la sociedad.
Vídeo completo de la comparecencia