¿Las plantas de biogás atraen a su alrededor más granjas?
Una pregunta legítima que es importante hacerse, y sobre todo, analizar su respuesta con rigor.
Lo que encontrarás aquí
Es una de las preocupaciones más repetidas en los municipios donde se plantean plantas de biogás o biometano:
Si se construye una planta, ¿aparecerán más granjas alrededor? Es una pregunta lógica y comprensible.
Porque cuando una instalación necesita residuos ganaderos, muchas personas se preguntan si eso podría incentivar la creación de nuevas explotaciones.
Sin embargo, cuando se analizan los datos disponibles, la respuesta no es tan directa.
No es imposible que ocurra en algún caso. Pero no existe evidencia generalizada que demuestre que las plantas de biogás provoquen la aparición de nuevas granjas.
Un hecho puntual no demuestra un modelo.
Desde el punto de vista técnico, una plana de biogás surge para gestionar residuos que ya existen:
- Purines
- Estiércoles
- Residuos agrícolas
- Subproductos agroalimentarios
Es decir, el biogás aparece como una solución a un problema previo.
Esta es una idea defendida por numerosos expertos, entre ellos el catedrático Xavier Flotats, que ha señalado que las plantas de biogás se diseñan en función de los residuos disponibles, no para incentivar su generación.
También la Comisión Europea, a través del Joint Research Centre, ha señalado que la viabilidad de estas instalaciones depende de la disponibilidad territorial de residuos existentes.
Esto refuerza una idea importante:
Primero existen los residuos. Después se plantea la planta. No al revés.
Qué dicen los datos en España
Un dossier sobre biogás, ganadería intensiva y bienestar animal en España analizó varios territorios con datos disponibles. Las conclusiones son interesantes:
- En Castilla y León, uno de los territorios con más desarrollo de biogás, no se observa apertura de nuevas granjas vinculadas a estas instalaciones. La expansión ganadera depende de autorizaciones administrativas y normativa ambiental.
- En Cataluña, el marco normativo limita fuertemente la apertura de nuevas explotaciones, independientemente de la existencia de plantas de biogás. El debate allí se centra más en la gestión de la ganadería existente que en su expansión.
- En Castilla-La Mancha, la moratoria a macrogranjas y la regulación específica de estiércoles refuerzan la idea de que el biogás no actúa como vía rápida para abrir nuevas explotaciones.
Un aspecto clave que a menudo se olvida. Hay un elemento fundamental que rara vez se menciona:
Las plantas de biogás no autorizan granjas. Las granjas las autorizan las administraciones públicas.
Son ellas las que:
- evalúan el impacto ambiental
- analizan el impacto territorial
- autorizan o rechazan explotaciones
- garantizan el cumplimiento de normativa
Esto significa que, si se abre una granja, es porque la administración ha considerado que cumple las condiciones exigidas. Este punto cambia el enfoque del debate.
No se trata solo de biogás. Se trata de planificación territorial.
¿Quién decide si se puede abrir una granja?
Una cuestión clave en el debate sobre biogás es recordar que las plantas de biogás no autorizan granjas. Las granjas las autorizan las administraciones públicas, principalmente las Comunidades Autónomas, con la participación de ayuntamientos y organismos ambientales. Y lo hacen a través de un proceso técnico, ambiental y administrativo cada vez más exigente.
La apertura de una granja no depende de una sola decisión, sino de un proceso administrativo complejo y multisectorial.
Hoy en día, abrir una nueva explotación ganadera requiere superar varios filtros:
- Evaluación ambiental (Ley 21/2013 de Evaluación Ambiental)
- Normativa de emisiones y contaminación (Directiva de Emisiones Industriales 2010/75/UE)
- Regulación específica ganadera, como el Real Decreto 306/2020
- Restricciones por saturación ambiental, especialmente por nitratos (Directiva de Nitratos 91/676/CEE)
Las administraciones analizan, entre otros aspectos:
- Impacto ambiental
- Disponibilidad territorial
- Gestión de estiércoles
- Impacto hídrico
- Compatibilidad urbanística
- Impacto acumulativo
Esto significa que la existencia de una planta de biogás no implica automáticamente la apertura de nuevas granjas. Si una explotación se autoriza, es porque la administración ha considerado que cumple los requisitos ambientales, territoriales y sociales establecidos.
En última instancia, el modelo ganadero no lo decide el biogás, sino la planificación pública y la normativa vigente.
Cataluña es uno de los territorios con mayor experiencia y una de las normativas más exigentes en Europa en materia de gestión ganadera y de purines, lo que ha llevado a establecer fuertes limitaciones a la apertura de nuevas explotaciones cuando el territorio está saturado.
Una preocupación legítima
La preocupación ciudadana existe, y no debe ignorarse. Especialmente cuando se habla de:
- plantas grandes
- transporte de residuos
- concentración ganadera
- impacto territorial
Son cuestiones que deben analizarse caso por caso. Pero también es importante distinguir entre percepciones y evidencias. Porque no siempre coinciden.
¿Qué dice la evidencia?
La conclusión más honesta hoy es:
No es imposible que una planta coincida con más actividad ganadera, pero no hay evidencia sistemática de que la provoque. Y la decisión final depende siempre de las administraciones públicas.
En otras palabras:
El biogás no decide el modelo ganadero. Lo decide la planificación pública.
Un debate que va más allá del biogás
Este debate refleja algo más profundo:
- Cómo se planifica el territorio
- Cómo se toman decisiones energéticas
- Cómo se equilibran intereses ambientales, económicos y sociales
El biogás puede ser una herramienta útil. Pero, como cualquier herramienta, depende de cómo se utilice.