Planetary Health Check: El planeta se acerca a una zona de alto riesgo
El planeta se acerca a una zona de alto riesgo: la ciencia advierte de que ya hemos superado siete de los nueve límites planetarios
¿Qué pasaría si pudiéramos hacerle un chequeo médico completo al planeta? ¿Qué ocurriría si los científicos analizaran sus constantes vitales igual que un médico analiza la tensión arterial, el colesterol o la frecuencia cardiaca de una persona?
Lo que encontrarás aquí
- El planeta se acerca a una zona de alto riesgo: la ciencia advierte de que ya hemos superado siete de los nueve límites planetarios
- ¿Qué son los límites planetarios?
- Siete límites ya han sido superados
- El cambio climático sigue empeorando.
- La biodiversidad también está en emergencia
- El agua, los nutrientes y los océanos también muestran señales de alarma
- No todo son malas noticias
- La gran pregunta: ¿todavía estamos a tiempo?
- Una última reflexión
La respuesta acaba de llegar con la publicación del informe Planetary Health Check 2025, una de las evaluaciones científicas más completas realizadas hasta la fecha sobre el estado de salud de la Tierra. Y sus conclusiones invitan a la reflexión.
Según el informe, elaborado por un amplio equipo internacional de investigadores especializados en ciencias del sistema terrestre y coordinado por Johan Rockström, la humanidad ya ha sobrepasado siete de los nueve límites planetarios considerados esenciales para mantener unas condiciones estables y seguras para la vida.
No se trata de una opinión ni de una predicción. Se trata de una evaluación científica basada en indicadores medibles que permiten conocer hasta qué punto los sistemas naturales que sostienen nuestra civilización siguen funcionando dentro de márgenes seguros.
¿Qué son los límites planetarios?
Los límites planetarios son una especie de “líneas de seguridad” definidas por la comunidad científica para identificar las condiciones ambientales que han permitido prosperar a la humanidad durante los últimos miles de años.
Durante aproximadamente 10.000 años, la Tierra ha disfrutado de una notable estabilidad climática y ecológica. Ese periodo permitió el desarrollo de la agricultura, las ciudades, las infraestructuras y, en definitiva, de las sociedades modernas.
Sin embargo, las actividades humanas han comenzado a alterar de forma significativa algunos de los procesos fundamentales que regulan el funcionamiento del planeta.
Cuando esos procesos se alejan demasiado de sus valores seguros, aumenta el riesgo de cambios abruptos, pérdida de resiliencia y fenómenos potencialmente irreversibles.
Siete límites ya han sido superados
El informe concluye que siete de los nueve límites planetarios se encuentran actualmente fuera de la zona considerada segura.
Los ámbitos afectados son:
- Cambio climático.
- Pérdida de biodiversidad e integridad de los ecosistemas.
- Transformación de los usos del suelo.
- Alteración de los recursos de agua dulce.
- Desequilibrio de los ciclos del nitrógeno y del fósforo.
- Contaminación por sustancias químicas y materiales sintéticos.
- Acidificación de los océanos.
Especialmente relevante es que, por primera vez, los investigadores consideran que también se ha superado el límite asociado a la acidificación oceánica.
En otras palabras, los océanos están absorbiendo tal cantidad de dióxido de carbono que su química está cambiando a una velocidad preocupante, afectando a organismos marinos, arrecifes de coral y cadenas alimentarias completas.
El cambio climático sigue empeorando.
Uno de los indicadores más claros del deterioro del sistema terrestre es la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.
Según el informe, la concentración atmosférica de CO₂ alcanza ya las 423 partes por millón (ppm), muy por encima del límite de seguridad fijado por los científicos en 350 ppm.
Los autores advierten además de que el calentamiento global parece estar acelerándose y que no existen señales claras de estabilización.
A ello se suma la creciente preocupación por posibles puntos de no retorno o “tipping points”, es decir, situaciones en las que determinados sistemas naturales podrían sufrir cambios bruscos e irreversibles.
Entre los ejemplos más citados se encuentran la pérdida acelerada de hielo en Groenlandia y la Antártida, alteraciones en grandes corrientes oceánicas o la degradación progresiva de ecosistemas clave como la Amazonia.
La biodiversidad también está en emergencia
Aunque el cambio climático suele ocupar la mayor parte de la atención mediática, el informe recuerda que la pérdida de biodiversidad representa una amenaza igual de importante.
La desaparición de especies, la degradación de hábitats y la reducción de la productividad de los ecosistemas están debilitando la capacidad de la naturaleza para desempeñar funciones esenciales.
Bosques, humedales, océanos y suelos no son simplemente paisajes. Actúan como reguladores del clima, almacenan carbono, producen oxígeno, filtran agua y contribuyen a mantener el equilibrio ecológico.
Cuando estos sistemas pierden capacidad de funcionamiento, también disminuye la resiliencia del planeta frente a crisis futuras.
El agua, los nutrientes y los océanos también muestran señales de alarma
Más de una quinta parte de la superficie terrestre presenta ya alteraciones significativas en los flujos de agua dulce, tanto en ríos como en la humedad disponible en los suelos.
Al mismo tiempo, el uso intensivo de fertilizantes está introduciendo cantidades excesivas de nitrógeno y fósforo en los ecosistemas. Este exceso de nutrientes favorece la contaminación de acuíferos, la proliferación de algas y la aparición de zonas muertas en ríos, lagos y mares.
Por otro laco, el fósforo es un elemento esencial para la producción de alimentos y, sin embargo, es un recurso finito. La mayor parte procede de minas de roca fosfática, concentradas en unos pocos países y sujetas a una disponibilidad cada vez más limitada. Por ello, recuperar el fósforo presente en aguas residuales, estiércoles, purines y otros residuos orgánicos se está convirtiendo en una prioridad estratégica. Tecnologías como la digestión anaerobia permiten transformar estos residuos en energía renovable y conservar nutrientes valiosos en el digestato, que posteriormente puede utilizarse para fabricar fertilizantes orgánicos. Se trata de un ejemplo práctico de economía circular: convertir un residuo en un recurso, reducir la dependencia de materias primas finitas y devolver nutrientes esenciales al suelo.
En el caso de los océanos, el informe destaca que continúan absorbiendo enormes cantidades de calor y dióxido de carbono procedentes de la actividad humana. Sin embargo, esa capacidad tiene límites. La acidificación, el calentamiento y la pérdida de biodiversidad marina están reduciendo progresivamente la capacidad del océano para actuar como regulador climático global.
No todo son malas noticias
El informe también identifica dos ámbitos que permanecen dentro de niveles considerados seguros.
Por un lado, la capa de ozono estratosférica continúa recuperándose gracias a décadas de cooperación internacional y a la aplicación del Protocolo de Montreal.
Por otro, la carga global de aerosoles atmosféricos se mantiene dentro de los márgenes establecidos por los científicos.
Estos ejemplos demuestran algo importante: cuando existe conocimiento científico, voluntad política, innovación tecnológica y cooperación internacional, es posible revertir problemas ambientales complejos.
La gran pregunta: ¿todavía estamos a tiempo?
Probablemente esta sea la cuestión más importante. Y la respuesta del informe es matizada. Los investigadores consideran que el planeta conserva todavía una extraordinaria capacidad de recuperación. Los sistemas biológicos, físicos y químicos de la Tierra siguen mostrando resiliencia. Sin embargo, esa ventana de oportunidad se está cerrando.
La evaluación sitúa al planeta en la parte alta de la denominada “zona de peligro”, acercándose progresivamente a una zona de alto riesgo donde aumentaría la probabilidad de cambios irreversibles a gran escala. La cuestión ya no es únicamente ambiental. También afecta a la economía, la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua, la salud pública y la estabilidad social.
Quizá la principal enseñanza del informe sea que la crisis actual no puede entenderse únicamente como una crisis climática. Es una crisis sistémica.
El clima, el agua, los océanos, los suelos, la biodiversidad y los ciclos naturales forman parte de un mismo sistema interconectado. Cuando varios de esos pilares se deterioran simultáneamente, la capacidad del planeta para sostener las condiciones que han permitido prosperar a la humanidad comienza a debilitarse. Y aunque la ciencia aún ve posible regresar a una trayectoria más segura, el tiempo para hacerlo es cada vez más limitado.
Una última reflexión
Pese a la gravedad del diagnóstico, el informe deja un mensaje que merece ser escuchado. Los científicos no afirman que el planeta haya llegado a un punto de no retorno. Afirman que nos estamos acercando peligrosamente a él.
La diferencia es enorme.
Durante las últimas décadas, miles de investigadores, empresas, administraciones públicas y organizaciones sociales han desarrollado soluciones capaces de reducir emisiones, restaurar ecosistemas, recuperar nutrientes, reutilizar agua, impulsar energías renovables y avanzar hacia una economía más circular.
Iniciativas como el Proyecto Drawdown han identificado decenas de medidas con potencial real para reducir la presión humana sobre el planeta, desde la eficiencia energética y la restauración de bosques hasta la reducción del desperdicio alimentario, la agricultura regenerativa o la valorización de residuos orgánicos mediante tecnologías como la digestión anaerobia.
La buena noticia es que muchas de estas soluciones ya existen. La mala noticia es que necesitamos desplegarlas mucho más rápido.
Quizá el mayor error sería pensar que este informe habla únicamente de osos polares, glaciares lejanos o ecosistemas remotos. En realidad habla de agua potable, alimentos, salud, energía, empleo y calidad de vida. Habla de las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.
La historia demuestra que las sociedades son capaces de afrontar grandes desafíos cuando comprenden su importancia. La recuperación de la capa de ozono es una prueba de ello. Cuando la ciencia, la innovación, la política y la ciudadanía avanzan en la misma dirección, los resultados llegan.
La pregunta no es si existen soluciones. La pregunta es si seremos capaces de aplicarlas con la rapidez necesaria.
Porque, como recuerda el propio informe, la ventana para regresar a un espacio seguro sigue abierta. Pero no permanecerá abierta para siempre.
“Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado.” (Margaret Mead)
Otros proyectos interesantes:
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https://www.climaterealityproject.org/
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